Pasarelas

Seduciendo la belleza

By septiembre 11, 2016 No Comments

“Aquél que ha contemplado la belleza está condenado a seducirla o morir”

Gustav von Aschenbach sucumbe a los encantos de esa esencia pura, difícil de encontrar y mucho más difícil de alcanzar; la efímera pero tan deseada belleza de un Tadzio casi omnipresente en una colección maravillosa en la que la juventud parecía entremezclarse con la seriedad, la elegancia con la naturalidad, la decadencia de los cánones de una sociedad encorsetada con la belleza de la luz, el color y la propia naturaleza vistiendo con flores las prendas más serias y clásicas aportando, con un toque de inconformismo, una ansiada búsqueda de la perfección efímera, cuán efímera es una bella flor pero no por ello deja de ser amada y apreciada, como las flores del futuro jardín de Marrakech.

Tan efímera como la vida, reflejada en los colores de una Venecia que enamora con los azules de sus aguas y de su cielo, los cálidos anaranjados del sol, los tonos arena como la que pisaba Tadzio con su característico bañador a rayas de la época en la isla del Lido o la verde esperanza que le devuelve a Aschenbach encontrar y observar la belleza de este. Una belleza andrógina con matices de rosa. Sensaciones que se tornan en morados, color intermedio entre la calidez de tal romance con la más pura y admirable belleza y el frío de una Venecia moribunda como la propia vida de un Aschenbach que se agota.

Pañuelos lazados al cuello, gafas de sol, sombreros de belleza extraordinaria, zapatos únicos de elaboración artesanal y bolsos con cuidados detalles complementan la imagen de una compleja relación entre lo bello y lo mundano, entre la juventud y la decadencia de una etapa que se cierra, entre la sobriedad común y la renovación de una nueva era, de un nuevo mundo, una nueva realidad enamorada de lo extremadamente bello y diferente.

Y es así como la prendas elegantes de cortes clásicos que reflejan un Gustav encorsetado por la realidad de una sociedad que le da la espalda y que parece no comprender ni el arte ni la belleza, se viste de flores y colores como esperanza que lo envuelve y parece derivar en una imagen de juventud enamorada mediante bermudas que, sin perder las líneas rectas, se acercan más al espíritu de Tadzio que del propio Gustav, y parece contradecir los cánones sin por ello dejar de ser maravillosamente bello.

Complejo romance desde la distancia que, aún en el sobrio negro de la muerte que finalmente abrazó a Gustav, las flores de un Tadzio que le enseñó lo mejor de la belleza más pura siguen abrazando las prendas con sutil elegancia. No es fácil encontrar el equilibrio en una historia tan compleja y a la vez tan pura en la que se corre el riesgo de mancillar tan hermoso legado para la reflexión del ser humano y para el deleite de los sentidos. Complejo se hace mantener la hermosura de una historia de amor que se torna en obsesión sin caer en la vulgaridad y el estereotipo indeseable. Una historia de amor renovada y trasladada a la moda, pareciendo ilustrar la relación entre Yves Saint Laurent y Pierre Bergé.

Pero tal vez lo más complejo es reflejar, con tanta claridad, aquella reflexión de Aschenbach, cuando comenta a Alfred: “Sabes, a veces pienso que los artistas son como cazadores apuntando en la oscuridad. Ellos no saben cuál es su objetivo y no saben si han acertado, pero no puedes esperar que la vida ilumine tu objetivo y lo estabilice. La creación de la belleza y la pureza es un acto espiritual.” […] “No puedes llegar al espíritu con los sentidos. No puedes. Es sólo por el dominio completo de los sentidos que puedes alguna vez alcanzar la sabiduría, la verdad y la dignidad humana.”

Y así, como acto espiritual que sólo a través del dominio de los sentidos puede comprenderse en toda su magnitud, combinó arte, tejidos, colores, cortes y toda una bella historia sobre la vida y la pérdida de la juventud, encarnadas en Tadzio, y el final de una era representada por Gustav; para construir una arriesgada colección que enamora y escribe una nueva página en la forma en que entendemos la moda. Todo ello al compás susurrante de la Quinta Sinfonía de Gustav Mahler cuyo dramatismo parece surgir del movimiento de las prendas y de la esencia en sí misma de tan cuidada colección, conservando esa unión indivisible entre imagen y sonido de la propia obra de Luchino Visconti en la que se inspira.

Fue así como el tinerfeño Lucas Balboa conquistó la pasarela de MFShow Men junto a los complementos de Adereza tu Cabeza, Abraham Zambrana  y Hammerhoj desing. Expresando de una forma única la esencia de tan bella historia que marcó toda una época, cargada de las más bellas reflexiones, a través del arte de vestir, con sus ingeniosas y elegantes prendas, al hombre. Un reto complejo que ha superado con creces demostrando que la moda es un arte en sí mismo capaz, no solo de vestir, sino de trasmitir sentimientos, sensaciones, recuerdos y de rememorar historias tan maravillosas como la de Muerte en Venecia.

Sencillamente…bello.

Francisco Goya

Author Francisco Goya

More posts by Francisco Goya

Leave a Reply