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Pasarelas

PROTOCOLO. Nada escapa al protocolo, ni siquiera Los Oscars

By febrero 28, 2016 No Comments

No será este el primer artículo que aborde esta realidad pero en una noche como esta no podíamos dejar de hablar de el evento más importante del séptimo arte. Es una noche mágica y se trata de un evento con un gran número de invitados, miembros de la organización, comunicadores y muchas otras personas que, de forma alguna, participan del mismo. Pero además se trata de un evento con gran repercusión mediática internacional y, por eso, no se puede dejar nada a la improvisación.

La mejor forma de hacerlo, de no dejar nada a la improvisación, es seguir un protocolo riguroso y, en este caso, muy riguroso. Es cierto que en alguna ocasión habrán oído decir a muchos protocolistas que América no destaca precisamente por un protocolo cuidado, especialmente por su relativa juventud y, por tanto, falta de base histórica que desarrolle un protocolo amplio, cuidado y bien instaurado en la sociedad. Pues bien, Los Oscars son una clara excepción.

Y es que un evento de tal magnitud no puede dar la espalda al protocolo, ese elemento que regula las relaciones sociales y garantiza el correcto funcionamiento y fluidez de las mismas entre otras muchas cosas. Por eso, lo primero que debemos confirmar es que la afirmación de que alguien “se ha saltado el protocolo” siempre suele ser una falacia, pero en el caso de Los Oscars lo es mucho más, si cabe.

El primer elemento y, probablemente el menos visual pero no por ello el menos importante es el de la seguridad pues, como en cualquier evento, Los Oscars cuentan con todo un plan de seguridad para proteger a cada uno de los asistentes. Pero ese plan de seguridad va incluso más allá, pues no solo se trata de proteger a los asistentes, sino a lo que portan estos, especialmente ellas. Nos referimos especialmente a la joyas, en muchas ocasiones cedidas por grandes firmas que no solo prestan el complemento a la mujer, sino que junto a él va toda la seguridad para proteger y garantizar que a éstas, las joyas, no les pase absolutamente nada.

Ello nos lleva a hablar del vestuario, otro de los elementos fundamentales del protocolo que tampoco se deja al azar en este macro-evento. La invitación va acompañada de una indicación de etiqueta masculina que exige el uso del esmoquin , no solo a invitados, sino también a los periodistas, cámaras y cualquier persona que acuda a la gala. Una exigencia de etiqueta que, como pueden ver, implica absolutamente a todos y es que, en un macro-evento como este, se debe garantizar la uniformidad de todos los asistentes para dar armonía al mismo. Junto a dicha indicación se sobreentiende, sin necesidad de señalarlo, que la mujer debe acudir con el traje correspondiente según las normas de etiqueta.

Acudiendo a dicha norma, recordaremos que lo recomendable es que la mujer vista traje largo, de noche y, dada la magnitud del evento, vestido de fiesta. En este caso, el protocolo de Los Oscars permite la excepción de recurrir a un traje de cóctel cuando la mujer en cuestión es joven, pero no siempre es lo más acertado. Aún así, con semejante responsabilidad, conociendo la magnitud del evento y siendo conscientes de que desde la misma noche de la gala los comentaristas, estilistas y demás estarán esperando el más mínimo error para criticar su atuendo; no es de extrañar que la alfombra roja de los oscars se convierta en una de las pruebas de fuego y ellas prefieran recurrir a diseñadores de reconocido prestigio y estilistas de larga trayectoria para garantizarse una buena elección.

Y hablando de alfombra roja, como todo gran evento y con semejante derroche de glamour y elegancia, no es extraño que esté presente. Además debemos recordar que se trata de un elemento que contribuye a garantizar una entrada ordenada de los asistentes, evidentemente, junto a la pompa que esta genera. Pero también conviene señalar que es un elemento que aporta algo más que ser un simple ornato, pues su color aporta una luminosidad que favorece a las cámaras a la hora de la fotografía de rigor, por lo que esos 100 metros de alfombra roja,. además de ser un símbolo de Los Oscars, son un elemento importante y útil.

Esos 100 metros se recorren en apenas 70 pasos pero, para garantizar una entrada ordenada de los y las asistentes y, teniendo en cuenta la importancia de las fotos y la necesidad de dedicar unos segundos a los medios gráficos, no es de extrañar que la entrada de todos y todas dure en torno a una hora. Y es que el control del tiempo es un elemento fundamental en este tipo de eventos y, en este asunto, el mayor problema está en los discursos, esa gran batalla que es, probablemente, lo que más cuesta controlar a pesar del estricto protocolo existente.

Y, para no extendernos mucho más, finalizamos con otro de los elementos importantes y que en Los Oscars se controla a la perfección: la imagen de marca. Es algo más propio de la comunicación pero en un evento de estas características es necesario que el protocolo también intervenga en este asunto para que, garantizando la presencia de dicha imagen de forma constante, ésta  figure siempre de forma elegante e integrada en la imagen general del evento de forma armoniosa. Es por ello que la estatuílla dorada es el elemento más evidente y constante, por su fácil integración como elemento ornamental, sin embargo, no se prescinde de la palabra “Oscars”, presente en vallas, photocall y un sin fin de elementos. La mejor forma de integrarlo ha sido usar un tipografía elegante a la par que de líneas finas y con el color dorado de la estatuílla. Y es que hasta en el más mínimo detalle, el protocolo está presente.

En definitiva, nada escapa al protocolo, ni siquiera Los Oscars.

Francisco Goya

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