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Siempre he defendido que detrás de toda buena colección debe haber una historia inspiradora, un lugar o un episodio del pasado o de la propia vida del diseñador, que sirva de inspiración y que actúe como hilo conductor de la misma.

Que se puede ser transgresor y elegante o clásico y actual aunque sean términos contrapuestos, porque en moda no existen imposibles, pero que siempre debe existir una coherencia, algún elemento (color, tejido, corte…) que debe servir de integración y que nos permita relacionar toda una colección como un conjunto unificado aún estando llena de contrastes.

Por eso para mi es tan importante contar qué es lo que inspira y actúa como hilo conductor de una colección, pero en esta ocasión, porque se trata de un fragmento histórico y un lugar maravilloso por la heroicidad de los actos que allí tuvieron lugar y tristemente vergonzoso porque es reflejo imborrable de la atrocidad de la II Guerra Mundial y del Holocausto.

Me refiero al Zoo de Varsovia de los años 40 y de la maravillosa historia de humanidad que allí tuvo lugar y que la propia Isabel Núñez ha querido reinterpretar con una colección en la que los colores y las formas llenan de luz una época gris de nuestro pasado, tal y como lo hicieron Jan Zabinski y su esposa Antonina.

Por si no conoces la historia, te resumo brevemente lo que alli sucedió. En vísperas de la Segunda Guerra Mundial había 380.000 judíos en Varsovia. La mayoría de ellos no sobrevivieron al Holocausto.

El director del Zoológico de Varsovia, Jan Zabinski, y su esposa Antonina salvaron la vida de cerca de 300 de ellos, escondiéndolos en su propia casa y en las jaulas del Zoo. Todo ello delante de los propios alemanes, que tenían estacionada una unidad de su ejército en el mismo Zoológico.

Después de la guerra, a los dos se les concedió la distinción de Justos entre las Naciones.

Es precisamente este lugar y esa etapa de la historia la inspiradora de una colección que reinterpreta y adapta, desde el arte textil, lo que allí aconteció mostrándonos la particular forma de la diseñadora de reflejar dichos hechos.

El gris de esa época se convierte en el color principal de la colección. De ahí, de ese gris que el color trata de paliar, surge una paleta cromática lavada en la que los lilas, los amarillos y los tonos crudos devuelven a la vida el improvisado zoo que se ha erigido sobre la pasarela. Un escenario poco habitual, en el que la vegetación onírica se ha fundido con jaulas en un guiño literal a la fuente de inspiración de la diseñadora.

El desfile inició con un aire de masculinidad austera que, rápidamente dió paso a un abanico de siluetas en las que la feminidad y los tejidos ligeros ganan protagonismo. Una colección etérea y femenina, en que el midi es el largo predominante, con escotes en la espalda y donde los drapeados y volúmenes se convierten en seña de identidad de la sofisticación.

El citado estilo masculino que se pudo ver casi efimeramente sorprendió tanto como los golpes de color con fucsias y limones que avivan el brillo de los satén que supone una mirada actual al pasado. un tejido que ha predominado en esta colección. Los detalles sutiles que daban forma a cada look, desde los botones geométricos e irregulares, a los rasgados que dejaban entrever la espalda o las superposiciones de tejidos; enriquecen la propuesta de Isabel Nuñez, rematada con zapatos de Custom & Chic y los pendientes de Olga Prieto.

El guiño a ese zoo glamouroso y atemporal viene de la mano de los prints de animales y una tierra cuarteada en azul piedra que se estremecía en cada paso sobre la ligereza de la seda. Una colección que resuma modernidad dentro de su aire clásico y reafirma lo que ya se veía venir desde hace tiempo: que Isabel Núñez ya no es una promesa, es una realidad.

Francisco Goya

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